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Es así como llegan a una gran llanura, tan extensa como las tinieblas que la cubren. El viento arrecia y es difícil andar… los árboles del Bosque de los Magos silban y crujen, como vaticinando un fatal destino. La tierra tiembla y se oye la risa de una vieja. Una bruja del futuro, que resguarda y protege la Rosa de los Vientos. Con su voz agrietada y chillona, los pone a prueba:

¿Cuál es la más grande de todas las cosas?
Los caminantes tienen dificultad para responder. Desean el disco náutico y están dispuestos a todo. Recurren a artes antiguas para quemar la pluma del pavorreal. De inmediato, aparece la imagen un pavorreal, con sus colores y reflejos solares. Parece tan real, que logra ahuyentar a la hechicera. Apoyos visuales (), dice uno de ellos, mientras todos ríen.

Los peregrinos siguen la ruta ya sin obstáculos… “La rosa de los vientos es nuestra”. La rueda mágica les indica la dirección que deben seguir. El viento no será más su enemigo; será el soplo necesario para la subsistencia de los peregrinos; su aliento de vida, su apoyo para el trayecto por venir.


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