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Luego de mucho caminar, al fondo del amanecer se divisa un castillo. Todos se sienten felices. No es para menos: el castillo simboliza la gracia divina, más allá del alcance humano, omnipotente, que controla todo e influye en la vida y los actos de los humanos. Saben que allí encontrarán respuestas: obtendrán información valiosa y sólida como la piedra, que sin duda será útil para triunfar en su odisea.

Después de tocar a la gran puerta, no sin temor, los recibe el señor del castillo, quien les pregunta:


¿Qué es lo más bello?

Nuevamente, los peregrinos encuentran la respuesta. El señor del castillo, un hombre gentil y poderoso, les cuenta que las personas en ese país a veces hablan al revés y se complican. Un poco confusos por la revelación, los viajeros son invitados a pernoctar en el castillo.

Al día siguiente, antes de partir, el señor del castillo les advierte a nuestros protagonistas que, para evitar malentendidos con los demás pobladores de la comarca, cada uno necesita llevar consigo las palabras mágicas que serán su fuerza y protección durante todo el viaje: “Comunicación”, “Precisión”, “Concreción” y “Mensaje” (Abra el texto para comprender la magia que se oculta).

Ya con más confianza, los aventureros emprenden de nuevo la aventura…



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